La actualidad patria no deja de ofrecer espectáculo al más puro estilo de Valle Inclán, creador de un género literario llamado "esperpento". Porque ese término describe a la perfección los episodios que presenciamos día sí y día también. ¿Es esperpéntico ver cómo dos mujeres se echan encima de un chico para evitar que haga preguntas incómodas a una persona pública? Pues a mí me lo parece.
Resulta que un tal Vito Quiles se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en mosca impertinente para la izquierda. Revolotea por aquí y por allá asaltando a los próceres de la izquierda: políticos, activistas, periodistas... Les hace preguntas con retranca, con mala baba, preguntas que no resultan agradables, no son preguntas amables. La labor de un periodista, por cierto, no consiste en hacer preguntas cómodas a un entrevistado, muy al contrario. Un buen periodista debe tener la habilidad de preguntar sobre todo lo que sea noticia, al margen de lo que le parezca al entrevistado. Siempre desde el respeto, la educación, las buenas maneras, faltaría más.
La discusión para alguno, discusión estúpida por otra parte, es si este muchacho tiene el título o no, si este muchacho ejerce el periodismo o es simplemente un sujeto teledirigido y pagado por partidos de la derecha y que lo único que busca es hacer ruido, hacer espectáculo. ¿Un periodista debe tener el título de ciencias de la información o comunicación audiovisual? Que se lo digan a Carlos Herrera que es licenciado en medicina. Pero ese debate acerca de la necesidad del título para ejercer un oficio como el periodismo es otro debate que da para mucho. Y no, esa no es la cuestión que está sobre la mesa, ni mucho menos.
Este tal Vito Quiles, que en realidad se llama Víctor Zopellari Quiles, en mi opinión, se ha erigido como un látigo para la izquierda, pero yo no le he visto actitudes violentas ni maleducadas. No obstante, tiene hasta cuatro procedimientos abiertos contra él; uno por calumnias e injurias presentado por el portavoz de la FACUA que le pide 9 años de prisión y multa de 60 mil euros; el segundo por delito de odio presentado por una asociación llamada "Libres y combativas"; el tercero presentado por Beatriz Corredor, exministra y presidenta de Red Eléctrica que le acusa de revelación de secretos, acoso e intimidación. El cuarto es el más reciente. Lo acaba de interponer Begoña Gómez, la consorte de su excelencia don Pedro Sánchez Castejón, el adalid de la socialdemocracia internacional. La señora Gómez ha demandado a Quiles por supuestos delitos de agresión, acoso e intimidación.
Es evidente que el trabajo de Quiles es polémico, crea controversia y muy posiblemente, el muchacho en más de una ocasión se resbala y mete la pata. Ha podido equivocarse, claro, ya dirán los jueces si ha incurrido en delitos. Si ha sido así, que el peso de la ley caiga sobre él, por supuesto. Porque la Ley debe ser igual para todos. Sin embargo, parece que no es así. Fíjese que el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, condenado por el Supremo por revelación de secretos, sigue ejerciendo como fiscal. Su sucesora y la abogacía del estado han recurrido la sentencia ante el Constitucional, que no sería raro que enmendara la plana al Supremo. Es más, la nueva fiscal general, una tal Peramato, ha castigado a Almudena Lastra, que declaró en contra de García Ortiz y que ha dejado de ser fiscal superior de Madrid. Así se pagan las "infidelidades" en la imparcial Justicia a estos niveles. Porque parece que hay diferentes Justicias dependiendo de los acusados, de las instancias judiciales y de los delitos.
Quiles está en el centro de muchos fregaos. En el Congreso hace preguntas molestas y recibe el desdén y el desprecio por respuesta. Recibe además el desaire por parte de compañeros de la prensa que, en lugar de insistir en las preguntas más que oportunas de Quiles, suelen cambiar de tercio y desahogar al interpelado, ya sea el despreciable Patxi López o la pueril Ione Belarra.
Hace poco tuvo un altercado con una individua celebérrima en las teles que se paseó con un cabestrillo inventándose una agresión física. En la escena, frente al Senado, se veía cómo agarraban a Quiles y le empujaban a él. No se acercó a la interfecta ni a un metro así que lo de que la agredió físicamente, pues como que no. ¿Abordar a una persona pública en la calle con una cámara y un micrófono es acoso? Hombre, pues no. Eso es el canutazo de toda la vida, es decir, una persona pública es abordada en la vía pública sin que haya permiso ni pacto expreso. Y en ese momento, las normas de educación han de prevalecer. El periodista e informador está en su derecho de preguntar y el interpelado está en su derecho de atender a las preguntas o hacer caso omiso y no responder.
Cuando alguien no quiere responder y ni siquiera se detiene lógicamente resulta incómodo que el periodista insista y le acompañe hasta que se meta en un coche, en un portal o cruce la calle. Pero ¿qué pasa? Pues pasa que algunos de los objetivos de Quiles no tienen, tal vez, capacidad para lidiar con habilidad la situación y optan por la espantada. Así que ponen a su guardia de corps a defenderles de la invasión de su espacio íntimo y personal.
Begoña Gómez es persona pública desde que su marido es presidente del Gobierno. Podría haber sido una figura discreta como las mujeres de Zapatero o Rajoy. Pero ella no quería ser un florero, lo cual es digno de encomio. Ella quería demostrar su valía y sus capacidades. El problema es cómo hizo esa demostración. Se está investigando cómo procedió y hay un Juez que ha hecho una instrucción y que la ha procesado hasta por cuatro presuntos delitos. Por lo tanto, Begoña Gómez es un personaje de interés público e informativo al que se le puede hacer un canutazo si existe la oportunidad. Olé por Quiles que se enteró de que la mujer estaba tomando un café con dos amigas en un bar. Alguien le daría el chivatazo. Así que Quiles se planta en el sitio y aborda a la señora.
El resultado del encuentro ya lo hemos visto. Las dos acompañantes de Gómez se enzarzan en una lucha libre con Quiles, le agarran del brazo, le dan empujones, se le suben a la espalda con el único propósito de salvar a la presidenta, perdón, a la mujer del presidente del acoso y derribo del "sinvergüenza" acosador. Las dos señoras eran dos amigas de Begoña, una colaboró con ella en su presuntamente irregular Máster universitario, la otra es miembro del comité federal del PSOE.
Ahora hay denuncias cruzadas. Begoña ha demandado a Quiles y este ha demandado a Begoña. Se judicializa un episodio cuyos hechos no tienen relevancia penal alguna, solo ruido mediático, minutos de radios y televisiones para que los de uno y otro bando entablen batallas dialécticas para atacar o defender, dependiendo del aire que respiren.
El doble rasero es un argumento indiscutible para desmontar a quienes desmerecen a Quiles. Porque, no hace mucho el excoletas, Iglesias, hablaba de jarabe democrático cuando se acorralaba a Cristina Cifuentes y se le insultaba gritándole a la cara. Hay una imagen terrible en la que se ve a dos energúmenos con las venas del cuello inflamadas gritándole a unos centímetros de su cara. Los de un programa humorístico, Caiga Quien Caiga, atosigaban también a sus objetivos como Ana Botella, que fuera alcaldesa de Madrid, Rita Barberá, alcaldesa de Valencia, Francisco Camps, presidente de esa comunidad, o Begoña Villacís, del extinto Ciudadanos. Así que sí, hay un doble rasero. Para unos sí vale el acoso impertinente y para otros no vale. Para los que no vale, además, se justifica que reaccionen tirando el micrófono al suelo o empujando al persistente periodista al que tachan de fascista como poco.
Lo de Quiles es solo un esperpento más, un espectáculo lamentable como tantos a los que podemos asistir hoy día. En el ilustre Tribunal Supremo también estamos asistiendo a una película, muy real eso sí, que demuestra la degradación institucional que se vive en España. ¿Cómo ha sido posible que personajes de tan poco nivel y escasa moral como Aldama, Koldo García o José Luis Ábalos hayan ocupado puestos de responsabilidad y hayan decidido sobre el dinero público? La declaración de Ábalos ante el Alto Tribunal ha sido memorable. Es una víctima de las circunstancias porque él es un hombre noble muy dolido con la traición de su amada Jésica por la que sentía un amor verdadero, de ahí lo del piso que era un nido de amor de verdad. Pero qué pena da el tipo, ¿no?
Bueno, hay que esperar y ver qué decide el tribunal pero él mismo ya se ve condenado porque el suyo, dice, es un juicio mediático y el vulgo ya ha dictado su sentencia. En fin, a mí desde luego no me inspira la más mínima compasión este sujeto. Tipos como él desprestigian a la clase política.
Y es que la podredumbre ha inundado la gestión pública deteriorando y mucho la imagen del ESTADO. Hoy, muchos contribuyentes, como yo, seguro que sienten asco con el espectáculo, con la corrupción, con la ineficiencia, con el nivel cada vez más bajo de la clase política. Hoy muchos ven al Estado como un enemigo del que defenderse y escapar. En un pispas la Agencia Tributaria, que tiene una praxis mafiosa, te hace una paralela para saber si te puede sacar más cuartos porque has declarado unos gastos que no deberías haber imputado a tu actividad. O sea, que el currante que trabaja como una bestia para salir adelante tiene que justificar cualquier nimio detalle de su declaración mientras otros se dan la vida padre a costa del erario público. Así es lógico que muchos pensemos en dejar de vivir en un país tan maravilloso como es España por culpa de un Estado cada vez más impositivo y fiscalizador y por culpa de la gentuza que nos desgobierna. Qué pena.