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Ejercicio · Locución de Opinión · Actualidad

El Infierno de Cada Verano

Ángel G. Morón · Lectura: 10 min · GymVoz Newsletter

Asumimos con resignación que cada verano se produzcan incendios forestales. Es una maldición que se cumple inexorablemente. Parece algo irremediable, sin solución. ¿Las causas? Bueno, ese es un capítulo amplio. Muchos de los incendios son obra del ser humano. Tras un fuego hay unos intereses, hay una intencionalidad. Una recalificación de terrenos puede ser una razón de peso para que arda una determinada zona. Habría que ser mucho más duros con el castigo para los pirómanos interesados, esos que prenden fuego para enriquecerse.

Luego tenemos a los pirómanos, seres enfermos que disfrutan observando el crepitar del fuego y el fragor de las llamas. Los incendios provocados por personas que están mal de la cabeza son los menos, sin duda.

Otra causa es la negligencia, también atribuible al ser humano. Tirar una colilla por la ventanilla del coche mientras se circula, dejar vidrio en una zona boscosa, hacer una barbacoa en la montaña, sin que nadie se entere, claro… Estos son algunos de los comportamientos estúpidos que pueden provocar una tragedia medioambiental y humana, porque el riesgo para los equipos de extinción existe y para la población incluso.

Hace unos años, 21 en concreto, en 2005, en Guadalajara, se produjo un incendio que causó la muerte a 11 personas, nueve bomberos forestales y dos agentes medioambientales. Fue originado por una barbacoa que unos excursionistas descuidaron en un merendero. No existía la prohibición que hoy sí existe y el sentido común, la falta de sentido común, provocó el desastre. Era 16 de julio, hacía viento y 33 grados de temperatura. Una pavesa saltó de la barbacoa, prendió rápidamente en unos matojos próximos y se lió el problema. Se quemaron más de 10 mil hectáreas pero la superficie quemada fue lo de menos, porque el monte se recupera, con tiempo, pero se recupera. Lo que es irrecuperable es la vida. Once personas, once profesionales se dejaron la suya en aquella montaña de Guadalajara. Sabían que su trabajo era peligroso pero su muerte pudo evitarse. Murieron por un hecho que nunca debió producirse.

Aquel siniestro hizo, como siempre, que se tiraran los trastos a la cabeza los políticos. Que si las competencias son tuyas o mías, que si los medios fueron los necesarios, que si llegaron a tiempo o tarde, que si tal que si cual. El cuento que ya conocemos. La creación de la Unidad Militar de Emergencias, la UME, fue una de las cosas positivas que se pudieron sacar de aquella tragedia.

Pero siguiendo con las causas de los incendios, el azar, la mala suerte, también tiene su responsabilidad. Un rayo puede caer y provocar un fuego. Es poco probable, pero puede pasar. ¿El incendio de los Gallardos en Almería es fruto de la casualidad? Bueno, todo parece apuntar, según las primeras informaciones, que se trata de un poste de electricidad que cayó al suelo y provocó un chispazo. Si esta es la causa realmente, más que casualidad aquí hay causalidad y una responsabilidad de mantenimiento de la infraestructura eléctrica. Ha trascendido que en la zona se produjeron expropiaciones para llevar a cabo mejoras en la infraestructura eléctrica y que además hay proyectos fotovoltaicos pendientes de aprobación. Suponer que hay una relación causa efecto, en este momento, no sería más que una especulación, pero la sospecha ahí queda.

Así pues, que sepamos hasta ahora, la causa del incendio hay que atribuirla a un infortunio. Un cable desencadenó el fuego, pero ¿por qué se produjo el desenlace? ¿No existe una vigilancia, una revisión, un mantenimiento periódico de todas las infraestructuras? Pues se ve que no. Solo hay que recordar el siniestro de Adamuz a principios de año. Así que sí, en el incendio de Almería hay responsabilidad invigilando de la empresa responsable del mantenimiento de esa infraestructura. Y habría que pedir responsabilidades, claro que sí.

No es la primera vez que Almería registra un incendio provocado por una línea eléctrica. En marzo de 2014, un fuego arrasó 3.200 hectáreas de la Sierra de Gádor. Los efectivos tardaron cinco días en extinguir las llamas, que se originaron a causa del mal estado por falta de mantenimiento de una línea de baja tensión de Endesa. El Tribunal Supremo confirmó en 2023 que la compañía debía indemnizar con 8,4 millones de euros a la Junta de Andalucía.

Por el momento se cuentan 12 fallecidos. Las víctimas, la mayoría turistas extranjeros, fueron sorprendidas por la virulencia del fuego y quedaron atrapadas en el horror al no acertar con la vía de escape, tomaron caminos sin salida que se convirtieron en trampas mortales. Hasta el fin de semana había 7 personas desaparecidas oficialmente. Aunque no se sumaran a la lista mortal, el de Almería es ya uno de los incendios más trágicos de los ocurridos en España hasta la fecha.

Y de nuevo, algunos personajes de la esfera pública vuelven a ensuciar y enmierdar. Ya se están culpando unos a otros intentando, tal vez, aprovechar una tragedia y sacar algún tipo de rédito, de beneficio. No es momento de escupir bilis y hablar de competencias, de si la alerta se debió emitir o no, de si se advirtió a los afectados como se debía. Ese análisis, esa rendición de cuentas debería llegar, claro. Pero no ahora. Ahora es momento de poner toda la maquinaria de la administración, en mayúsculas, a trabajar para resolver y ayudar a los afectados que son muchísimos; los desalojados de sus viviendas son unos 1.500.

Al principio hablaba de que los incendios se han convertido en un peaje que asumimos cada verano. Hay una causa de la que aún no he hablado y a la que se refieren, siempre que les dan voz, los expertos forestales: el mantenimiento y limpieza de los bosques. Ese trabajo de desbrozar, de hacer cortafuegos, de limpiar las montañas parece olvidado, según relatan quienes saben de la materia. ¿La agenda 2030 tiene que ver en eso? Pues seguramente con esa obsesión de no hacer nada que atente contra el ecosistema y el medio ambiente. Quitas un matojo y te pueden multar por alterar la ecología y el hábitat de la lagartija. Pues bien, es seguro que "descuidar" el monte tiene consecuencias y la virulencia y el desarrollo de los incendios hoy en día posiblemente tengan mucho que ver con ese "descuido" que pretende salvar el medio ambiente de la acción humana.

Ah, y que no se me olvide un último apunte sobre la causalidad de los incendios en la actualidad. Eso de atribuir la profusión de los fuegos y su peligrosidad cada vez mayor al cambio climático y al calentamiento global, en mi humilde opinión, es un cuento chino. A mí, desde luego, no me vale. Porque siempre ha hecho calor en verano en nuestra Españita, es característico del clima Mediterráneo, así que que no vengan con la milonga del cambio climático, ese que va a destruir el planeta a ojos vista. Que no, que no.

Que hace unos años, en el siglo pasado vamos, en los años 60, el problema que nos amenazaba era una glaciación, íbamos a morir todos de frío, esa era la amenaza muy real que se cernía sobre la humanidad. Los medios de comunicación, tan amigos de la alerta, la urgencia y las aprensiones se encargaban de azuzar el miedo en la población. Como siguen haciendo a la mínima oportunidad. ¿Recuerdas la crisis del hantavirus? La que se lió con el asunto, ¿verdad? ¿La próxima amenaza cuál será? Se admiten apuestas.

Pues sí, a finales del siglo pasado el frío nos iba a congelar hasta el tuétano. Además teníamos también un agujero en la capa de ozono que se iba a cargar la biosfera. Bueno, pues el agujero está desapareciendo. Será cosa de las políticas verdes, claro que sí. Y las Maldivas iban a quedar sumergidas antes del 2000. Y ahí siguen, para disfrute de quienes puedan pasearse por alguna de las islas de ese atolón del índico.

Más de uno dirá que soy un negacionista climático, un seguidor de Trump, un radical extremista. Pues vale. Pues de acuerdo. Creo que como sociedad somos víctimas de la manipulación de determinadas corrientes de pensamiento, la ideología llamada "woke" que a mi juicio es sinónimo de lobby e intereses económicos. Porque todo va de lo mismo: del parné.

En fin, mucho de lo que nos pasa hoy día como sociedad tiene que ver con la responsabilidad humana, sí, absolutamente. Pero ante cualquier suceso, hecho, acontecimiento que ocurra creo que hemos de afilar el sentido crítico y dudar. Sí, dudar de todo. Hay que hacerse preguntas y cuestionarse el porqué de las cosas. No quedarnos con la primera explicación, la más razonable o aparente, la que aporte la oficialidad. Creo que el espíritu crítico es una obligación personal irrenunciable para que no nos la cuelen día sí y día también.

Dicho esto, a veces la fatalidad es un factor, como parece en Almería, determinante para que un suceso sea mucho más trágico.