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Ejercicio · Locución de Opinión · Actualidad

Guerra Híbrida

Ángel G. Morón · Lectura: 12 min · GymVoz Newsletter

Ese es el término que acabamos de conocer esta semana. Lo de Ceuta es una guerra híbrida, es decir una confrontación que combinaría la fuerza militar con métodos de lucha no tradicionales como ciberataques, desinformación, presión económica. A ver, la fuerza militar no está presente en la ecuación, de momento. Lo que sí está es la manipulación de la población para servir a intereses políticos, geoestratégicos y territoriales. Eso parece fuera de toda duda.

Que Marruecos considera Ceuta, Melilla y las Canarias territorio propio es algo conocido desde hace mucho tiempo. Pero vayamos al origen de ambas ciudades autónomas. Se encuentran en el norte de África y dentro del espacio marroquí así que, desde el desconocimiento, podríamos pensar que es lógico que ambos territorios sean reivindicados por Marruecos. Al igual que Gibraltar podríamos decir que es España, ¿no? Por cierto, hace unas semanas se ha eliminado la verja y hay libre tránsito hasta el peñón, una antigua solicitud del reino de España. La barrera fronteriza ha sido eliminada y facilita el tránsito de 300 mil andaluces de la comarca del Campo de Gibraltar, especialmente de los 15 mil trabajadores que la cruzaban diariamente.

Pero vamos a centrarnos hoy en Ceuta y Melilla. Ceuta fue conquistada por Portugal en 1415 y pasó a dominio español tras la unión de la corona española y portuguesa en 1580. Melilla, por su parte, fue tomada por la corona de Castilla en 1497, durante el reinado de los Reyes Católicos. El origen de Marruecos se remonta al siglo octavo, aunque el Estado-nación moderno nació en 1956, tras independizarse de los protectorados francés y español.

Marruecos tiene casi 40 millones de habitantes y es una monarquía parlamentaria pero no como la española. Allí el rey sí que tiene mando en plaza. No es que sea una dictadura monárquica, pero se le parece bastante. Mohamed VI es la cabeza visible del régimen, el último regente de la dinastía alauí, una familia que dice ser descendiente directa del profeta Mahoma. Los miembros de esta dinastía rigen Marruecos desde el siglo XVII, desde 1666.

Pues este es el vecino incómodo que tiene España y la frontera sur de Europa. Un vecino bien o mal avenido, dependiendo de las circunstancias. El padre del actual rey se llevaba muy bien con el emérito y ese detalle hizo que las relaciones hispano marroquíes fueran buenas durante mucho tiempo. Con Marruecos la relación es obligada porque hay cercanía territorial y fronteras. Hay además importantes relaciones comerciales de exportación e importación. No son relaciones desdeñables. Las exportaciones españolas a Marruecos rondan los 11 mil millones anuales y la tendencia comercial es al alza. Es decir, que es un país con el que interesa llevarse bien, pero… con algunas salvedades. Porque agachar la cabeza ante lo sucedido en Ceuta e incluso aplaudir al gobierno marroquí por su inacción y pasividad es como de traca.

Lo que ha pasado esta semana en Ceuta a ¿qué obedece? ¿A las mafias como dice su sanchidad? ¿A una lectura interesada de la sentencia del Tribunal Supremo sobre lo de que no se puede repatriar a quien llega a nado a territorio español? ¿A un movimiento urdido por el gobierno marroquí para poner a prueba a España? Y si ha sido así, ¿qué persigue Marruecos? ¿Poner en el foco internacional las ciudades de Ceuta y Melilla para reclamarlas formalmente? ¿Es una respuesta de Marruecos al acuerdo recién firmado con Argelia para ampliar el suministro de gas a España?

En 2021, ya nos han recordado los medios, se produjo una invasión en Ceuta, pero con menos personas, unas ocho mil. Fue la reacción marroquí al tratamiento médico en España de Brahim Galli, líder del frente polisario. El gobierno de Marruecos utilizó la presión migratoria como herramienta política y ordenó a sus fuerzas de seguridad que abrieran los pasos fronterizos.

Y hay más. En 2022, España cambió su postura de neutralidad en relación al Sáhara Occidental respaldando las tesis de Marruecos. El Sáhara Occidental es administrado en gran parte por Marruecos y lleva años pidiendo, con el frente polisario, su independencia mediante un referéndum de autodeterminación. Este cambio de postura de España se produjo después de que trascendiera que el teléfono de Sánchez había sido hackeado por el espionaje marroquí con un software israelí, el llamado Pegasus.

Todo esto subyace en las relaciones España-Marruecos. Un galimatías. ¿Y lo peor qué es? Pues sin duda la muerte, aun sin saber con exactitud, de hasta 100 personas ahogadas frente a la costa ceutí con la invasión descontrolada de cerca de 50 mil personas, algunas de ellas menores de edad.

La irrupción de esta masa de gente en una ciudad de 80 mil personas y de apenas 19 kilómetros cuadrados no ha supuesto un trastorno ciudadano, ha significado un impacto social que ha paralizado a la ciudad y a sus habitantes. Las escenas que hemos visto todos han sido espectaculares. No sé qué tenían en la cabeza las personas que llegaban a territorio español. ¿Qué pensaban que iba a ocurrir? ¿Que podrían quedarse definitivamente en España? ¿Que podrían saltar a la península o a algún otro país europeo sin más?

Con el paso de las horas han ido regresando a sus casas, afortunadamente sin causar grandes estragos. Aunque ha habido altercados y miedo entre los ceutíes, la situación se ha ido tranquilizando, pero Ceuta aún está lejos de la normalidad. Al parecer un número indeterminado de inmigrantes permanecen ocultos y se resisten a volver a Marruecos.

Aquí no vale un análisis simplista basado en la cuestión humanitaria. Quienes llegaban lo hacían con dinero y móviles en el bolsillo. Y sí, en Marruecos no existen las condiciones de vida que hay en España, estamos de acuerdo, pero los que llegaban no estaban famélicos ni mucho menos. No están muertos de hambre. Quieren una vida mejor, eso seguro. Y tienen derecho a perseguir ese objetivo, como todo ser humano. Pero la cuestión es cómo lograr ese derecho. ¿Por las bravas, saltándose a la torera normas, regulaciones y fronteras? ¿Siguiendo directrices marcadas de forma oscura para satisfacer determinados intereses políticos y geoestratégicos?

Lo que ha sucedido es grave, muy grave. Se supone que la integridad territorial de un Estado es sagrada. Se supone que la soberanía nacional hay que defenderla. Los ceutíes son españoles, se sienten españoles al igual que los canarios. Y si la patria, que es la de nacionalidad, les deja sin defensa, sin protección… apaga y vámonos. Y la nuestra ha quedado en evidencia a ojos del mundo. Lo ocurrido pone de manifiesto, una vez más, la ineptitud que nos preside. Poco después de los sucesos de Ceuta, el equipo de comunicación del presidente publicaba en las redes sociales un vídeo del señor recomendando música para el verano. Hay más tontos que botellines y lo peor es que están al mando.

¿Ceuta, Melilla y Canarias seguirán siendo españolas? Esa es la pregunta que hoy más de uno se está haciendo.