Que no falte de ná: Ni sexo, ni dinero, ni poder que son las palancas que mueven el mundo desde siempre. La honestidad y la honradez son valores en desuso, las ponen en práctica los trasnochados, los antiguos, los siervos de la moral y la ética. Cada vez son menos los estoicos que respetan las normas escrupulosamente, los cumplidores, los comprometidos, la gente legal y noble.
Mi padre siempre lo tiene claro con los impuestos. Dice que es una obligación moral ineludible porque es el contrato del ciudadano con el Estado, con ese Estado que vela por el bienestar del ciudadano. Y aquí, entramos un poco en discusión porque yo sostengo que no he firmado un contrato que me esquilme y me quite más de la mitad de lo que puedo generar con mi esfuerzo, mi creatividad, mi ingenio, mi talento, mi capacidad.
El debate de la fiscalidad está sobre la mesa en Estados elefantiásicos como el español donde el peso de lo público es desorbitado. Que la administración pública genere más empleo que el sector privado es inconcebible. Pero hay mucha gente que ansía abrazar el puestito público para tener sueldo vitalicio y ya ganar tranquilidad.
No les falta razón, ¿verdad? Buscarse la vida no es fácil y fuera hace mucho frío. Que se lo digan a los emprendedores y a los autónomos o a los políticos que convierten la política en profesión para toda la vida. La política debería ser solo una estación de paso, me consta que hay personas que así se la toman, pero no son la norma imperante.
El problema fiscal se convierte en lacerante cuando se ve cómo se despilfarra el dinero público con ligereza en mamandurrias dispares. Y se convierte en sangrante cuando descubres las presuntas tropelías cometidas por prohombres de Estado. Lo de presunto es importante. La base de la Justicia es la presunción de inocencia y hemos de concluir que una persona no es culpable hasta que no lo dicte un Juez o un Jurado.
La Justicia está para eso, para poner negro sobre blanco los indicios que apunten a una conducta reprochable o delictiva. Cuando un Juez dicta un auto y pide a un sujeto que declare como investigado, antes imputado, es que hay razones de peso para ello.
José Luis Rodríguez Zapatero, ínclito, ilustre, faro del socialismo español en los últimos años, gran valedor de Pedro Sánchez, está en todos los mentideros. Su nombre ya había sonado y aparecido en las investigaciones periodísticas que son las que preceden a las policiales.
ZP hoy es un hombre manchado por la sospecha, todavía. Queda por sustanciarse si todo o parte de lo que apunte el Juez en su auto es cierto o, más importante aún, se puede demostrar.
Yo no me tiro a la piscina como tantos espabilados que sin leer una palabra del escrito judicial se arrogan autoridad para dar una opinión. No he leído el auto, solo conozco lo que ha trascendido en los medios pero, en cualquier caso, la respuesta ha de ser siempre: respeto. Respeto por lo que un juez determine en la instrucción de un procedimiento. Estamos, se supone, en un Estado garantista así que nada mejor que el entorno judicial para proceder a una defensa.
Si el señor Zapatero es inocente de toda culpa tiene la oportunidad de defenderse de las acusaciones que él considere infundadas. Pero algo sí está meridianamente claro: Un juez no cita como investigado a un expresidente de Gobierno para fardar ante los colegas de la judicatura. Cuando el magistrado ha tomado esta decisión ha sido porque lógicamente los indicios recogidos por los investigadores son de calado. Es de cajón inferir que el horizonte de Zapatero está oscuro. Ya se verá cuánto próximamente. De momento, el 2 de junio comparecerá ante el juez en un hecho sin precedentes en España. Y es jamás había ocurrido que todo un expresidente declare en la Audiencia Nacional investigado por liderar, presuntamente, una organización criminal, por blanquear capitales, por tráfico de influencias, por falsedad documental. Solo decir los delitos ya acongoja el asunto…
La corrupción del poder político no es una novedad ni en España ni en ningún sitio, claro. Porque el poder suele corromper, es la triste realidad. Porque la impunidad parece garantizada cuando se es importante y se ocupa un alto puesto de responsabilidad. Pero ojo, que las manchas tocan todos los lados, todos los signos.
Bien es cierto que en los últimos tiempos todas las corruptelas políticas nacionales llevan el sello del puño y la rosa. La pandemia fue un momento propicio para los tejemanejes. De ahí parten muchas de las corruptelas ahora investigadas. La que cuestiona la integridad de Zapatero tiene que ver con el rescate a una aerolínea que no era una empresa estratégica y que tampoco cumplía los requisitos previstos para ser rescatada. Pero se soltaron 53 millones de euros, los españoles pusimos 53 millones de euros y medio millón quedaron, según parece en el bolsillo de Zapatero que, por cierto, ha incrementado su patrimonio personal notablemente en los últimos años, para que luego digan que la política no da dinero…
Por cierto, la que anunció el rescate fue la indescriptible María Jesús Montero, que era la portavoz del Gobierno y la responsable de la SEPI, que era el organismo que liquidaba la pasta. La pobre Montero se ha llevado el varapalo previsto en las elecciones andaluzas con el peor resultado del PSOE en esa comunidad autónoma, un feudo que fue socialista durante casi 40 años.
Precisamente la corrupción del caso de los ERE tuvo mucho que ver para que comenzara el declive socialista en ese territorio que gobierna el PP desde 2018. El fracaso electoral de Montero debería hacerle pensar en dejar la política y volver a su puesto de funcionaria en un hospital sevillano, pero no parece probable que esta mujer se replantee su futuro fuera de la política, ¿verdad?
El PSOE obtuvo en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas más de 900 mil votos, la mitad que el PP. Es un fracaso electoral sin paliativo, pero más de 900 mil personas siguen depositando su confianza en esas siglas con la que les está cayendo, que no es un chaparrón, es el diluvio universal. Cosas del sufragio universal.