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Ejercicio · Locución narrativa · Opinión

Soy un
proscrito

Ángel G. Morón · Lectura: 5 min · GymVoz Newsletter

Tengo una moto desde hace mucho tiempo, una moto de las que se conocen como deportivas. Es de esas japonesas con un motor potente, de esas que recuerdan a las motos de circuito. Siendo de Jerez y habiendo respirado el ambiente motero en el circuito podía ser normal mi afición por ese tipo de moto.

Con ella he hecho más de 150 mil kilómetros, que se dice pronto en un vehículo de dos ruedas. Me las he visto de todos los colores. He conducido con lluvia intensa, con viento cruzado, con calor abrasador, con frío polar, hasta agua nieve me cayó un día. En fin, que he sido un motero de los de verdad. Y digo he sido porque ya no me monto a diario en ella como hacía. Supongo que con los años llega la "comodidad". Eso de pasarlo mal encima de la moto como que no me seduce.

Pero que no la conduzca con la frecuencia de antes no significa que no me encante conducir en moto y disfrutar del viento en la cara, de curvear en una carretera de montaña.

En el hecho de no cogerla con mucha frecuencia también influye que me he convertido en un proscrito. Soy un peligro para el planeta y el medio ambiente, bueno mi moto en realidad, que se fabricó en el año 1999, sí en el siglo pasado. Es una veterana, como yo, aunque un poco menos. Es de esos artefactos mecánicos de combustión que envenenan el medio ambiente y deben ser destruidos por el bien de la humanidad.

Las restricciones a la movilidad privada en vehículo privado en las ciudades occidentales, esas que están a la vanguardia del progreso, son normas impuestas en aras del medio ambiente, de la salud pública, claro. Se trata del bien común, así que, si usted es un ciudadano ejemplar ha de achatarrar su vehículo contaminante, comprarse uno más respetuoso con el medio ambiente o ir en transporte público.

Si es que eso de moverte a tu antojo no es moderno. Lo que mola son las ciudades de 15 minutos, ese invento del que algunos iluminados hablan. Tenerlo todo a mano y a pie para no estorbar. Te quedas en tu burbuja, en tu trocito, con tus vecinos, y déjate de excursiones por ahí a otros lugares de la ciudad, de la provincia, de la región o del país.

La libertad individual es la que está en juego. Y cada día la cercenan más. Con lo de los vehículos contaminantes la excusa es el medio ambiente y la normativa europea, porque en Europa somos unos adelantados y vamos a solucionar el problema medioambiental de la Tierra. Usted sabe, como yo, que los países que se pasan por el arco del triunfo la sostenibilidad son China, la India y Estados Unidos. Los europeos somos una parte irrisoria en la contaminación, pero somos los protectores del planeta, claro que sí. Ni chinos, ni indios, ni norteamericanos van a alterar su actividad productiva para proteger al medio ambiente.

"¿Niego el cambio climático? ¿Niego a la comunidad científica que por unanimidad dice que el apocalipsis climático está al caer?"

¿Niego el cambio climático? ¿Niego a la comunidad científica que por unanimidad dice que el apocalipsis climático está al caer? Vamos a ver. En los años 60, las noticias hablaban de una próxima glaciación. Íbamos a morir de frío. En los 90 el problema era la capa de ozono, ahora se ha recuperado nadie sabe cómo. Las Maldivas iban a acabar sumergidas a comienzos del siglo XXI y ahí siguen, que yo sepa. Y ahora, bueno desde hace algunos años, el tema es el calor. Vamos a morir abrasados. Mire, una cosa sí es cierta. Vamos a morir todos, lo de vivir para siempre como que no. Pero de calor por el cambio climático…

No hay, por cierto, unanimidad científica por mucho que se diga en la Agenda 2030. Hay muchas voces científicas discordantes. Soy lego en la materia, pero aun así, es de corto no pensar que el clima está en evolución como lo ha hecho a lo largo de miles de millones de años en este planeta tan maravilloso que es la Tierra. ¿Que nos lo vamos a cargar los humanos con nuestra actividad? Hombre, pues si nos liamos a tirar bombas atómicas tenemos muchas papeletas, claro. Esperemos que eso no pase. Así que, si el orden internacional no se desordena hasta llegar a un apocalipsis nuclear, yo diría que la acción humana no destruirá este precioso mundo azul.

El tema del medio ambiente se ha convertido en un negocio para determinadas empresas y para los gobiernos "concienciados". Un pequeño ejemplo. Lo de los plásticos es un crimen, por eso las bolsas en el supermercado te las cobran y por eso todos los envases de la inmensa mayoría de productos están envasados con plásticos. Venga ya. Es todo una farsa.

Pero es una farsa que sirve para dar ejemplo a los paletos ignorantes del resto del planeta que necesitan aprender de los humanos civilizados. Porque el respeto al medio ambiente es muy importante. Así que, coches y motos antiguas al desguace en ciudades como Madrid y cientos de ciudades con más de 50 mil habitantes e incluso en ciudades con 20 mil, si tienen altos índices de contaminación, según normativa europea.

Bueno, la amenaza se ha suavizado al menos en Madrid. Primero se hizo una moratoria por un año y ahora se ha modificado la ordenanza. Dicen los del Ayuntamiento que ya quedan cuatro pelagatos con sus cacharros antiquísimos. Nos ha fastidiado. ¿Cuántos han achatarrado sus preciados vehículos o malvendido por la prohibición anunciada? ¿Cuántos se han entrampado para comprar un vehículo híbrido o eléctrico?

Tiene narices que haya vehículos con etiqueta medioambiental 0 con motores de combustión que contaminan más que los antiguos. Si es que todo es un despropósito.

"Vivo en el centro de la capital de España, en una zona de bajas emisiones. Me encontré con varias sanciones por acceder a mi casa con mi moto."

Decía que me había convertido en un proscrito. Y es que vivo en el centro de la capital de España, en una zona de bajas emisiones. Estoy empadronado desde hace años. Aparco en el edificio, en mi plaza de garaje. Bueno, tras la moratoria, seguí circulando esporádicamente y, oh sorpresa, me encontré con varias sanciones por acceder a mi casa con mi moto.

Cuando fui a pedir explicaciones, el funcionario de turno me explicó que la cosa estaba jodida, que no podía entrar en mi casa por estar en zona de especial protección circulatoria. Ante mi cara de estupefacción, el funcionario me sugirió que trampeara y entrase por la acera para evitar así que la cámara me captara al entrar por la calle.

Y eso estoy haciendo, sintiéndome mal porque he de hacer algo que no debo para evitar una sanción injusta y absurda. Antes de subirme a la acera ojeo a ver si hay policías locales al acecho y en un pis pas eludo la prohibición. Pero la pregunta es: ¿por qué un ciudadano de bien tiene que hacer algo mal? ¿Por qué la puñetera administración, en este caso del PP, es tan obtusa?

Ni que decir tiene que he recurrido las sanciones y me he puesto en manos de una empresa especializada en ese particular. Una de ellas ya está en vía judicial. La fecha del juicio, finales de año, pero no de este sino de 2027. Así va la Justicia. Entre tanto, el Ayuntamiento de Madrid me comunica por vía de apremio que tengo dos multas y que si no las pago me pueden embargar. Es decir, que a pesar de los recursos, el consistorio pretende cobrar sí o sí, y luego, llegado el caso, ya devolverá los dineros si es que la Justicia dicta en su contra.

El colmo del despropósito es que en un mismo día recibo dos notas del Ayuntamiento de Madrid. En una me dicen que mi moto tiene prohibida la circulación por la ciudad desde el 1 de enero de 2026, que la misiva tiene solo efectos de comunicación, pero que si una patrulla policial me ve y me para me pueden multar. En la otra carta me anuncian que ya puedo pagar el impuesto de circulación de mi moto. O sea, por un lado me dicen que soy un proscrito, que no puedo circular, y por otro que pague por circular. ¿Pero esto qué es? Pues eso: un cachondeo.

La administración, como siempre, a jugar en contra del ciudadano, del contribuyente que es el que la sostiene pagando cada día más impuestos. Hace tiempo que deduje que la administración —local, provincial, regional, estatal, europea— es un monstruo con muchas patas y con una voracidad insaciable e implacable. Escapar de sus garras es una tarea titánica. Al ciudadano le quedan pocos resquicios por los que escaparse. Yo seguiré siendo un proscrito. Al final, hasta le cogeré el gusto.